¿Qué por qué adoro viajar? Os voy a contar mi día.
He madrugado a las 7 para desayunar antes de recoger una scooter alquilada para hacer una ruta a una montaña. Una hora y cuarenta minutos de carretera, rodeada de miles de árboles, palmas y palmeras, todo verde, todo vivo.
A la vuelta, de camino al hostel había unas cascadas, así que cambio el itinerario y cojo otra carretera improvisada.
De repente la carretera se corta y aparece una pendiente de piedras y tierra que hace patinar la moto. Tiemblo. Recuerdo que viajo sin seguro y tiemblo aún más.
Me paro, y me adelantan dos motos. Una chica en una y un chico en otra. La chica patina y se cae de la moto a 50 metros de mí. Intenta levantar la moto pero se cae para el otro lado. El chico, que no iba con ella, se para y la ayuda. Él deja su moto, coge la de ella y termina de bajar la cuesta. Luego vuelve a por la suya.
Yo observo la escena con cara de pánico, porque darme la vuelta tampoco lo veo claro.
Le grito al chico y le pregunto si todo el camino es así a partir de ahora, ya que desaparece detrás de una curva y no alcanzó a ver más. Dice que no, que solo 100 metros, y luego todo normal. Coge su moto y se va.
Me quedo inmóvil, pensando qué hacer. ¿Bajo? ¿Vuelvo? No sé qué es lo más sensato.
Mientras reflexiono, veo que vuelve a subir la cuesta andando. Viene a ayudarme. LA VIDA.
Le doy mil veces las gracias y le pregunto por la chica, dice que está bien. Y me baja la moto mientras le sigo andando y sin dejar de darle las gracias.
Abajo, vuelvo a subir en mi scooter y sigo el camino. A los cinco minutos, llego a un mirador con vistas increíbles, y veo a la chica parada. Paro yo también y le pregunto.
Es de Suiza, viaja sola como yo y está preocupada por que le harán pagar los daños de la moto, aunque a ella no le ha pasado nada. También da las gracias por estar bien, pero la entiendo.
Nos quedamos hablando un rato. Ha hecho exactamente la misma ruta que yo, y también había cambiado el camino de vuelta al ver que habían unas cascadas cerca del camino. Qué maravillosa es la vida.
Seguimos juntas la ruta hasta la cascada. Bajamos toooodo es camino resbaloso y encontramos el tesoro.
A mitad del baño empieza a diluviar y nos mojamos enteras. Enteritas y chopadas. Total, un poco más de agua no se nota, es parte del camino.
Volvemos a subir y conducimos siguiéndonos otra media hora hasta la zona donde están nuestros hostels.
Al llegar nos despedimos. Tristemente yo me voy mañana a otra isla. Pero qué cosas tan increíbles te pone la vida en el camino cuando estás atento.
Por días así, todo vuelve a tener sentido.