Hoy termina mi primer mes como profesora dando clases de yoga aéreo. En un solo mes he pasado por muchas fases: puro nervio y taquicardias, incertidumbre, síndrome de la impostora, preocupación, disfrute, autoconfianza, felicidad y conexión.
Al despedirme de la dueña de uno de los sitios donde doy las clases, me ha comentado que no puedo decir ciertas cosas en clase porque no es profesional. Al parecer, tres de sus alumnas, entre ellas su madre y una amiga de su madre, habían salido comentando que no iba a seguir dando clase los próximos meses porque me iba a una comuna hippie.
Lo cierto es que sí que lo dije en clase, con tono de humor y con toda la transparencia del mundo. Y el caso es que ni siquiera es tan verdad, uso ese tono de humor para referirme a un voluntariado en una comunidad autogestionada y que se dedican a hacer retiros y talleres conscientes, pero eso me parece muy largo y ambiguo de explicar.
Probablemente ni siquiera debería dar explicaciones de dónde me voy ni a qué, pero tampoco siento ninguna necesidad de ocultar nada que genuinamente me salga compartir.
Mis reflexiones aquí son varias: ¿Qué es ser profesional? ¿Hasta qué punto una, como profesora o figura de autoridad en cualquier ámbito debería o no compartir cosas personales? Si una característica de mis clases y de yo como profesora es esa cercanía y transparencia en clase, ¿debería cambiarla y obligarme a contenerme para mostrar lo que los demás esperan de mí?
Entiendo que la reprimenda desde la otra parte viene por la creencia de que la reputación de su centro se puede ver afectada por el tipo de personal que trabaja para ella. Y probablemente ella no quiera que la relacionen con hippies.
Y yo, como persona y como profesional, ¿no debería luchar por mantener mi autenticidad y creer en quien soy, cómo soy y cómo me muestro si estoy a gusto con eso? ¿Debería dejar que alguien me diga cuál es la forma correcta de hacer las cosas, aunque eso suponga tapar parte de lo que soy?
A lo mejor mi veredicto cambia con el tiempo, pero en este momento siento que, después de muchos años de tapar quién soy y cómo soy por miedo al rechazo ajeno, estaría tirándome piedras en mi propio tejado si siguiera permitiendo que alguien externo me diga cómo tengo que mostrarme.
Y si eso supone que esa persona no quiera seguir trabajando conmigo, ¿hasta qué punto lo tengo que vivir como un rechazo? ¿No debería ser yo la que no quisiera trabajar en un sitio donde no me permitan ser quien soy?